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A través de una carta abierta, Pauli Hopperdietzel Ralph manifestó su preocupación y tristeza por el término del programa Jardín Comunicacional a Distancia de JUNJI en la Región de Aysén, iniciativa que por décadas ha permitido acercar la educación parvularia a niños y niñas de sectores rurales, aislados y de difícil acceso.

Una sentida carta abierta comenzó a circular durante los últimos días dando cuenta de la preocupación de una familia de la Región de Aysén ante el anunciado término del programa de jardín a distancia de JUNJI, modalidad que permite entregar atención educativa a niños y niñas que, debido a las condiciones geográficas y de aislamiento, no pueden acceder regularmente a un establecimiento de educación parvularia.

El testimonio corresponde a Pauli Hopperdietzel Ralph, madre de una niña de cuatro años que participaba del programa y quien señala que hace aproximadamente dos semanas las familias fueron informadas mediante correo electrónico sobre su término, atribuido —según relata— a falta de presupuesto.

“Escribo estas palabras con una profunda sensación de tristeza ante una decisión que destruye una de las iniciativas educativas más hermosas y necesarias de nuestro territorio: el programa Jardín a Distancia en la Región de Aysén”, expresa al comienzo de su carta.

La madre pone especial énfasis en las particularidades de la ruralidad austral y en las dificultades que enfrentan las familias que viven alejadas de los centros urbanos, donde las distancias y las condiciones climáticas dificultan el acceso permanente a servicios educativos.

Según relata, dos educadoras se trasladaban hasta los sectores más apartados para visitar aproximadamente tres veces al año a los niños y niñas participantes.

“Tres visitas anuales pueden sonar a poco para quien vive en la ciudad, pero para nuestras hijas e hijos representaban una ventana al mundo, un abrazo pedagógico, la llegada de libros, juegos y la certeza de que no estaban olvidados”, sostiene.

Una modalidad destinada a la ruralidad

El programa al que hace referencia la carta corresponde al Jardín Comunicacional a Distancia de JUNJI, una modalidad educativa semipresencial orientada a acercar educación parvularia pública y gratuita a familias residentes en sectores rurales, aislados o de difícil acceso.

En la Región de Aysén, esta experiencia tiene una extensa trayectoria. El programa funciona desde 1994 a través del emblemático jardín “Sembrando Futuro”, desarrollando un modelo adaptado precisamente a las características territoriales y geográficas de la Patagonia.

Su trabajo ha permitido que la educación inicial pueda llegar directamente a los hogares, complementando el acompañamiento de las familias con material pedagógico y visitas educativas.

Precisamente esta característica es uno de los aspectos destacados por Hopperdietzel, quien cuestiona que criterios presupuestarios puedan significar el término de una alternativa especialmente diseñada para quienes viven en lugares donde no existe un jardín infantil cercano.

“La educación no puede medirse únicamente por la cantidad de alumnos por metro cuadrado. Los niños del campo valen lo mismo que los de la ciudad y merecen que el Estado llegue hasta el último rincón de la Patagonia para garantizar sus derechos”, señala.

Llamado a reconsiderar la decisión

En su carta, la madre dirige además críticas al Gobierno por la determinación informada a las familias y plantea que terminar con el programa significaría profundizar las diferencias existentes entre la infancia urbana y rural.

“Argumentar presupuestos o reestructuraciones para recortar justamente en la infancia más vulnerable y aislada de Aysén no es solo una falta de sensibilidad, es un abandono de Estado en toda regla”, afirma.

Finalmente, Hopperdietzel realiza un llamado directo a las autoridades para reconsiderar la medida y buscar alternativas que permitan mantener esta modalidad educativa en la Región de Aysén.

“Exijo a las autoridades reconsiderar esta medida, mirar a la cara a las familias rurales y restituir un programa que no era un gasto, sino un puente de dignidad y esperanza para nuestros niños y niñas”.

La carta termina reflejando el impacto que la situación también tendría en quienes recibían las visitas de las educadoras. La autora firma como “una ciudadana comprometida con la infancia y la ruralidad de Aysén y una hija apenada porque las tías ya no vendrán a ver”.

El testimonio abre así una interrogante respecto del futuro de esta modalidad educativa y de las alternativas que se entregarán a las familias de sectores rurales y aislados que hasta ahora eran atendidas por el programa.