La República se organiza para el logro del bien común, por sobre cualquier interés particular. Quien ejerce el Gobierno de la República requiere y se le exige tener siempre presente este principio. Es cierto que la conjunción de República con Democracia pone más desafíos; como es la gobernabilidad, clima social, popularidad, electividad y por cierto los egos. No obstante, nada de ello debe afectar el propósito o fines que persigue el Estado.
¿Ahora que entendemos por bien común?; nuestra Constitución Política nos dice que “la finalidad del Estado es promover el bien común, para lo cual debe contribuir a crear las condiciones sociales que permitan a todos y a cada uno de los integrantes de la comunidad nacional su mayor realización espiritual y material posible”
Todos los Gobiernos deben entonces, promover el bien común.
El nuevo Gobierno debuta con una guerra internacional que no sabemos dónde terminará, y en lo interno, con una fragilidad de la caja fiscal no conocida al menos en el periodo post 1990.
Sin olvidarse, los Gobiernos, de la promoción y generación de condiciones para la mayor realización espiritual y material posible, hay que tomar decisiones, que por cierto no son neutras y tienen la carga ideológica de quien gobierna. En el último tiempo esas decisiones han sido de dos tipos, dejaremos de lado los errores y supuestos de implantación de las decisiones:
- Endeudarse, haciendo uso de la buena reputación del país, para mantener el Statu Quo social mientras se gobierna, esperando un ciclo económico internacional al alza que mejore los ingresos fiscales. Con ello se asegura calma en las calles, popularidad y se apuesta, seguramente, a la ampliación de la base de apoyo.
- Ajustar gasto público, alterando el Statu Quo social, lo que implica que la población sufre recortes o alzas de precios mientras se llega a una meta económica, apostando que unas finanzas públicas balanceadas generaran condiciones de mayor inversión y en consecuencia crecimiento económico.
Con todos los bemoles y tecnicismos que hay detrás de una u otra opción; ambas buscan el bien común que estipula la Constitución Política. Unos apostando al presente a costa del detrimento fiscal, y otros como el actual Gobierno, sincerando la situación y traspasando el esfuerzo a todo el país.
En casa sucede algo similar; cuando se es ordenado, se tiene capacidad de crédito. Cuando se pierde algún trabajo o te bajan tus ingresos familiares, puedes acudir sin problema al banco y pedir crédito. Pero ese crédito se agota y hay que pagarlo con los intereses asociados. Luego se hace mas caro pedir otro crédito, te prestan menos y luego te dejan de prestar. Para volver a encontrar un mejor trabajo, hay que especializarse o actualizarse con la tecnología, es decir volverse interesante para lograr ese puesto.
En el Estado hay que volverse atractivo para que ingrese inversión y con ello generar empleo, para que eso suceda hay que ser y parecer, tener reglas claras y sostenibles en el tiempo. De esa manera el mundo de la inversión es factible que regrese.
La búsqueda del bien común no puede acreditarse sólo por la popularidad de una medida, sino por la seriedad y estabilidad en el tiempo.
Si las consecuencias, algunas positivas, del endeudamiento se repartieron durante años entre todos, parece lógico que, entre todos, tengamos que sostener el esfuerzo para corregir; y esa, aunque incómoda, también es una forma de servir al bien común.
Ninguna de estas decisiones tiene el resultado asegurado, sin embargo, es posible advertir que cuando existe orden, hábito y rigurosidad en los planes. Estos generalmente dan resultados.
Elson Andrés Bórquez
Ingeniero Químico
Master en Estudios Políticos Aplicados








