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El receso de invierno ha finalizado y la Patagonia vuelve a su rutina. Sin embargo, esta vuelta a la normalidad se da en un escenario implacable: temperaturas bajo cero, escarcha acumulada, nieve y calles convertidas en auténticas pistas de hielo.

​Día a día, las familias de la Región de Aysén enfrentan un despliegue de supervivencia cotidiana:

​Peligro en el desplazamiento: La locomoción colectiva colapsa o circulan pocos. Las calles y veredas se vuelven extremadamente peligrosas tanto para conductores como para peatones, derivando en un preocupante aumento de accidentes de tránsito, caídas, contusiones, fracturas y hasta el fallecimiento.

​Fallas en servicios básicos: Hogares y establecimientos educacionales sufren el congelamiento y la rotura de cañerías de agua, cortes imprevistos de luz y severas dificultades para mantener una calefacción adecuada ante el frío extremo.

​Ante esta realidad, resulta ineludible plantear una pregunta incómoda pero urgente: ¿Por qué en la zona central del país basta un aviso de temporal de lluvia para decretar la suspensión preventiva de clases en colegios públicos y privados, mientras que en Aysén se exige hacer vida normal bajo condiciones térmicas y de infraestructura de extremo riesgo?

​No se trata de restar importancia a los efectos de las lluvias en el norte o centro del país, pero sorprende la asimetría en los criterios de las autoridades nacionales. En la zona central, la prevención prima por sobre la continuidad lectiva. En la Patagonia, en cambio, pareciera asumirse el mito de que “aquí estamos acostumbrados al frío”, invisibilizando los riesgos reales que corren niños, niñas, jóvenes, adultos mayores y trabajadores al salir a la calle a primeras horas de la mañana.

​Estar “acostumbrados” no nos hace inmunes a una fractura por escarcha, ni garantiza que los furgones escolares o la locomoción pública puedan frenar a tiempo en una pendiente congelada.

​Proteger la integridad física de nuestras comunidades, la seguridad de los estudiantes de Aysén que valga exactamente lo mismo que la de los estudiantes de la Región Metropolitana o del centro del país.

​El invierno en la Patagonia es hermoso, pero no por eso deja de ser crudo y riesgoso. Es momento de que la política pública reconozca la geografía con sentido común y no con abandono. Es mi humilde opinión y pensar. Atte Valeria Pizarro Gomez.