En Aysén, el precio del combustible es quizá uno de los elementos más visibles del costo de la vida. Por eso preocupa que el gobierno haya propuesto modificar o eventualmente eliminar el MEPCO, un mecanismo que amortigua las alzas bruscas de los combustibles. Según estimaciones, sin este mecanismo el precio podría subir hasta cerca de $300 por litro.
El MEPCO no hace más barato el combustible de manera permanente, pero evita que las alzas internacionales se transmitan de golpe a las familias y a toda la economía. En regiones extremas como Aysén, donde tenemos los precios más caros, es una ayuda invisible, pero necesaria.
El gobierno ha intentado insinuar que el problema actual responde a decisiones del gobierno anterior, pero lo cierto es que esta tensión es estructural. Ya ocurrió antes: cuando asumió la administración Boric, el mecanismo enfrentaba estrechez de recursos, lo que obligó al Ministro Marcel a ampliarlo vía ley para evitar alzas bruscas, en medio del shock internacional provocado por la guerra entre Rusia y Ucrania.
Pero más allá de la polémica puntual, esta discusión anticipa lo que viene. La reducción del gasto público, una de las promesas del gobierno, será más compleja de lo que se prometió. Ya se observan resistencias: cuestionamientos a restringir la gratuidad, rechazo a recortes en vivienda y críticas a una reducción pareja del gasto, incluso desde gobernadores regionales como Marcelo Santana.
El problema es que el gasto público está asociado a temas concretos: acceso a la educación, inversión en viviendas, infraestructura, conectividad. Y en regiones como Aysén, recortar se siente y se resiente.
Por eso, la discusión no puede limitarse a cuánto recortar, sino a cómo hacerlo. No pueden imponerse los técnicos o los dogmáticos: el ajuste debe tener un criterio territorial y social que evite encarecer la vida y no debilite el rol del Estado donde más se necesita. Y para que sea viable, se requiere acuerdos políticos amplios y un diálogo social que permita que la ciudadanía entienda, participe y se sienta parte del esfuerzo de hacer más eficiente el Estado.
La sanidad de nuestras cuentas fiscales es importante. Pero también lo es entender que la ciudadanía demanda más y mejores respuestas. Gobernar es equilibrar ambas cosas.
Y ese equilibrio será la verdadera prueba de fuego del gobierno.
Tomás Laibe
Cientista Político








