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La alerta sanitaria decretada entre el sábado 29 de agosto hasta el miércoles 3 de septiembre me deja una profunda sensación de desconcierto e impotencia. Que las autoridades resguarden a la población suspendiendo eventos masivos públicos es comprensible, pero resulta una contradicción difícil de digerir cuando se ignora lo que ocurre a diario en jardines, escuelas,liceos y colegios.

¿Es una falta real de previsión o de verdad se asume que el virus solo circula en actos públicos?


Me ​cuesta entender cómo se dicta esta medida a partir de mañana sábado sin considerar que hay establecimientos que tienen programadas clases de recuperación este mismo fin de semana, por no hablar de lo que continuará ocurriendo en los días hábiles de la medida. En los establecimientos educacionales no solo hay niños y jóvenes; también hay profesores, educadoras, asistentes y personal administrativo expuestos a diario. Si buscamos el lugar donde existe el mayor riesgo de contagio masivo y continuo, es precisamente dentro de las salas de clases.


Proteger a la comunidad exige mirar la realidad escolar con la misma rigurosidad con la que se suspende un evento masivo.


​¿Deberiamos usar nuevamente mascarillas en espacios cerrados como una elección personal o un deber ético frente a la salud?
¿Y tú que opinas? 🤔😏


Es mi humilde opinión y pensar atte. Valeria Pizarro Gómez.