EL TRABAJO DE MI VIDA

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Por Rafael Ruiz Silva
Prólogo

Imagen José Cuevas Ulloa.

Todos los días y todas las noches, nada cambiaba. Desde que fui despedido de mi trabajo he estado pensando seriamente sobre mi vida. ¿Fue la mejor decisión haber trabajado de locutor radial? ¿Fue realmente algo que me gustaba? Muchas preguntas aparecían en mi cabeza mientras bebía lo poco que me quedaba de una botella de whisky, mientras veía las fotos de mi ex novia, quién me dejó por un tipo mucho más apuesto, y bastante mejor en la cama que yo, o eso fue lo que ella dijo.

Su engaño lo comprobé al entrar a mi departamento días atrás y fui testigo de mi novia engañándome con el maldito vecino en mi propia casa. Parecía que la estaban pasando muy bien. Días después a lo sucedido con mi novia, fui despedido de la radio donde trabajaba por golpear a un colega cuando él se empezó a reír cruelmente al enterarse de los engaños de mi ex novia. Este imbécil se enteró por medio de un amigo; desgraciadamente ese amigo suyo era mí jodido vecino. Valió la pena, me encantó verle la cara ensangrentada. Nunca había golpeado a alguien de tal manera. Todo eso hizo que yo colapsara.

Mi boca estaba sedienta por algo más de whisky, y aún me quedaba algo más de dinero. Me dirigí a un bar ubicado no muy cerca de mi departamento, agarré mi vieja chaqueta de cuero y fui a beber hasta que mi cuerpo ya no lo soportara. Prácticamente quería morir. Al haber bebido tanto, estaba que me quedaba dormido sobre la mesa del bar. De repente, una extraña mujer de unos veintitantos se acercó a mi mesa y preguntó si es que podía sentarse un momento. Estaba bien buena, vestía muy elegante ya que parecía una secretaria o algo por el estilo. Su cabello era negro y bastante corto, tenía un hermoso físico que me dejó pasmado, así que sin pensarlo dos veces acepté su propuesta con los pocos alientos que me quedaban. Estaba totalmente borracho.

—¿Qué tal la noche? ¿Lo estás pasando bien? —Preguntó ella con un tono muy burlesco.

—¡Fenomenal! ¡Qué noche! Dios, nunca la había pasado tan bien. —Respondí sarcástico.

Ella me pedía que bajara la voz luego de haber respondido de una forma muy escandalosa. Debido a esto, los dueños del bar ya me tenían en la mira para echarme del lugar, así que después de eso ya no grite. Así estuvimos conversando por mucho tiempo, si mal no recuerdo. Cada cerveza que yo bebía, más sobre mi vida le contaba a ella; me volví como un libro abierto dispuesto a ser leído por una total desconocida. A ella no le llamó la atención la forma en la que me engañaron, sino más bien la forma en la que me despidieron de mi trabajo. Abruptamente, la mujer se levantó de su silla y se dirigió lentamente hacia mí, se puso tan cerca que hasta pude olfatear el aroma de su perfume. Me susurró al oído para ofrecerme un buen trabajito.

Yo estaba tan borracho que acepté sólo porque era ella una cara bonita, y yo necesitaba un trabajo de esos lo más antes posible. Ella me levantó de mi silla y desinhibida, entrelazó su mano con la mía y me guio hasta unas cuadras más allá, afuera del bar.

—¿Dó-dónde me llevas?

—No te preocupes, guapo. Esto te encantara. — Respondió atrevida.

Habíamos llegado hasta un callejón vacío. Ella envió un mensaje de texto y al rato después, un montón de tipos aparecieron de la nada. Muy rápido sacaron sus armas de fuego.

—Di tus últimas palabras, corazón. —Musitó ella.

—¡¿Dónde está mi puto trabajo?!

No obstante, estos tipos realmente iban en serio. Yo iba a ser baleado con seguridad, así que les dije que actúen rápido, ya que no tenía nada más que perder. La mujer me empujó al suelo y se fue a fumar un cigarro mientras contemplaba como me iban a asesinar y dejar como un jodido queso.

—¡Chicos! Ustedes hagan lo que tienen que hacer. —Dijo ella mientras guiñaba el ojo a los malhechores.

En ese momento, sentí que ya no había vuelta atrás.

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