El amor muerto

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  • Por Cristian Hauffman. M

No hay pena, no hay muerte, no hay furia. Solo el inmenso pesar, el hundimiento de mil corazones rotos, desilusionados, mal gastados, un simple final y un codicioso pensar. Exactamente no hay mucho que pedirle a la vida, porque puedes morir ya estando vivo y puedes vivir en paz sabiendo que ya estás muerto. Suena ilógico pero para mí es muy cierto.

Pero uno sigue en pie, creyéndose sus propias mentiras, atragantándose, no hay rencor más inhumano y más bestial, nadie sabe en qué quedamos o en qué fue lo nuestro. ¿Sólo una historia tonta de amor tal vez? ¡Oh! Ni yo lo sé comprender, ya sea en la brutalidad de un engaño o el sollozo descarado. No, no abruma pues  no tengo suficiente fuerza. Quizás existe la opción de pedir perdón a la desgracia, pero tú ya no puedes pedir perdón. Tengo en mi mano una estaca y en la otra, una flor. Tengo en mis ojos amargura y los escalofríos de un olvido.

Pero no hay que ser tan desgarrador, el olor a sangre y vida no se limpia sola.

Tantas horas jugando a ser mortales y peinando la vida con la juventud, entreteniéndonos y reforzando toda lucha crucial; te lo vuelvo a repetir, por si se te ha olvidado, ¿en qué quedamos? La idea fue tuya  pero  no mía, mi cuerpo está frio y el tuyo tiene la calidez de la vida. Tan triste estaré y aquella tristeza no será suficiente, ahora solo abrazo al vacío. Pero oye, tienes  una segunda oportunidad. Agarra aquel filoso cuchillo y ven conmigo; ven hacia donde me has enviado, no me estremece ni me enferma, sin embargo me llena de locura y me llena de pasión.  Vuelve conmigo  hacia donde yo nunca viví, ya que tan solo quiero ser la luz que yo nunca pedí. Déjame imaginarme aquella canción de nuestra vida infeliz, ven conmigo, ven…

No cierres la puerta destrozada, observa mi cuerpo otra vez maltratado por las falacias y la pesadez.

Pero tan sólo cerraste la puerta y me has dejado morir en un vivo cadáver. Ya no hay un ¿en qué quedamos? Solo un ¿eso es todo? Limpiaste el arroyuelo carmesí y me diste un entierro indigno. No arrojaste ninguna hermosa y delicada flor, no lloraste, golpeaste o te arrojaste al suelo en culpa de tus acciones. Eres monstruo y espina, no eres canción, eres chirrido, un torpe caníbal comiendo su propio ser, un caníbal, caníbal sin culpa, sin sentido y sin razón.

Tan solo mataste la muerte y dijiste “ya todo acabo”, después los años pasan y como cualquier ser invicto en cólera de su acto, la culpa te atrapó como trampa a la liebre por eso ya nada queda y ya nada se va, porque jugaste tú con la muerte y ella te llevo. No hay rencor permanente, no hay un ¿en qué quedamos? Tú habrás sabido la intención de tus actos, porque ya no hay regalada, no hay regreso, tú y solo tú sabrás como arrancar pétalos y devolverlos a su rosa, porque tan solo una mentira, una culpa y un “ya fue”.

1 COMENTARIO

  1. muy bueno cristian, me alegro mucho que se hayan dado estos espacios para el publico que necesite desnudar su alma, expresarse con las entrañas , la muerte eterno acompañante .

    Narradores del fin del mundo tiene un infinito talento que debe ser reconocido

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